Posiblemente no se haya enterado aún, pero su señoría, el Sr. Gaspar Llamazares, Diputado en Cortes y ex-coordinador de Izquierda Unida, ha presentado hace unos días una pregunta al Gobierno con solicitud de respuesta escrita, hablándole de la inminente, si no cierta, llegada del Peak Oil o cénit de producción del petróleo. El Sr. Llamazares le pregunta sobre qué fiabilidad le merecen las proyecciones que sobre producción de petróleo hace la Agencia Internacional de la Energía (AIE), toda vez que como relató Lionel Badal en una comparecencia delante de la Comisión Europea el 17 de Mayo de 2010, existen indicios de que desde 1998 los EE.UU. presionan a la AIE para que facilite una estadísticas trampeadas que oculten el hecho de que el cénit es inminente a día de hoy, si no ha pasado ya. Numerosas fuentes bien acreditadas confirman la inminencia del problema. Steve Chu, el actual Secretario de Estado de Energía de los EE.UU., cifraba para comienzos de esta década el inicio de los problemas cuando era director del Lawrence Berkeley National Laboratory (como se puede ver en esta presentación). Uno de más importantes analistas del Departamento de Energía de los EE.UU., Glen Sweetnam, mostraba en una presentación delante de empresarios americanos de hace un año la gráfica que sigue:


En ella se ve que la diferencia entre oferta y demanda tendría que cubrirse con proyectos de producción petrolífera desconocidos, con una diferencia entre oferta y demanda de no menos del 11% para 2015, y de un 33% para 2020. El Departamento de Defensa de los EE.UU. alertaba hace poco de un desfase semejante. En medio del marasmo actual de la exploración de aguas profundas por culpa del accidente de BP en el Golfo de México (que va camino de convertirse en la peor crisis ecológica del mundo), la realidad puede ser mucho peor: hasta un 40% del petróleo que se plantea producir para 2020 debería provenir de las aguas profundas del mar. Eso quiere decir que en una década podría faltar hasta el 64% de la demanda de petróleo, destruyendo por completo la economía. Porque, sí, sin petróleo la economía estará de rodillas. Estudiosos como el Profesor James Hamilton, de la Universidad de California San Diego, lo han puesto de manifiesto. Esta crisis tiene su origen último en el petróleo, aunque el excesivo apalancamiento y los instrumentos financieros creativos creados a partir de las hipotecas sub-prime la hayan exacerbado. Por tanto, no cabe esperar una solución con los paradigmas clásicos: sin energía no hay crecimiento económico. Digamos alto y claro: esta crisis económica ya no acabará nunca.