¿Qué ves?
Nuestro cerebro -y cuando digo cerebro me refiero también a su consecuencia intangible, es decir, al pensamiento- es de lo único de lo cual podemos tener real consciencia ("pienso, luego existo" ya comenzó a tantear el terreno Descartes...). Por lo tanto, todo lo demás es necesariamente dependiente de él, ya que es a través de lo que percibimos íntegra y completamente el mundo exterior. Me explico: este ordenador que tienes ante tus ojos no es ese ordenador que ves, sino el que ve tu cerebro, tratándose así de algo completamente subjetivo, a pesar de lo que el 'sentido común' -el menos común de los sentidos, por cierto- pueda alegar. Como dijo J. Pearce, “La mente del hombre refleja un universo que refleja la mente del hombre”...
Pero la física cuántica, ciencia que aborda este tema, va mucho más allá, y ofrece incluso hipótesis con buena base detallando aquello que realmente existe 'allí afuera'. Te invito a leer un fragmento muy interesante, lector, uno de esos fragmentos para disfrutar en una tarde veraniega en el jardín/terrazadebartranquilo bebiendo una buena cerveza a la que más tarde podrás quitar el aluminio con ayuda de unas llaves (o unas uñas) para finalmente disfrutar reflexivamente del atardecer.
Ése es mi consejo.
"Es sabido que, para el misticismo tibetano, todos los fenómenos que percibimos son espejismos nacidos de nuestra imaginación. Y que, con la práctica adecuada, la mente puede llegar a crear “imágenes mentales” o tulpas, que tendrían el mismo estatus de “realidad” que aquéllas a las que está habituado el “sentido común”. A partir de lo que ha descubierto la física moderna, muchos hechos calificados de "paranormales" pueden explicarse porque la conciencia interviene en la vibración acelerada de las moléculas, deteniendo procesos que consideramos “normales”. Esto significa que la conciencia se mete en los entresijos del mundo físico, afectándolos. Más aún, parece abrirse camino la certeza de que la conciencia es tal vez el único fenómeno que efectivamente existe: toda la matriz materia-espacio-tiempo debe a ella su existencia. Por lo que no puede hablarse del mundo físico como algo “ahí fuera”. Todo es creación de la conciencia. La materia-espacio-tiempo es un aspecto de la misma. Esto nos lleva a reconocerla como todopoderosa.
Lo cual no significa que nosotros seamos todopoderosos, por la sencilla razón de que no tenemos un control total de la conciencia. En cualquier caso, aquí radica la transformación más asombrosa de la visión del mundo, a partir de los descubrimientos de la nueva física: La conciencia juega un indudable papel en el llamado universo físico.
"Es sabido que, para el misticismo tibetano, todos los fenómenos que percibimos son espejismos nacidos de nuestra imaginación. Y que, con la práctica adecuada, la mente puede llegar a crear “imágenes mentales” o tulpas, que tendrían el mismo estatus de “realidad” que aquéllas a las que está habituado el “sentido común”. A partir de lo que ha descubierto la física moderna, muchos hechos calificados de "paranormales" pueden explicarse porque la conciencia interviene en la vibración acelerada de las moléculas, deteniendo procesos que consideramos “normales”. Esto significa que la conciencia se mete en los entresijos del mundo físico, afectándolos. Más aún, parece abrirse camino la certeza de que la conciencia es tal vez el único fenómeno que efectivamente existe: toda la matriz materia-espacio-tiempo debe a ella su existencia. Por lo que no puede hablarse del mundo físico como algo “ahí fuera”. Todo es creación de la conciencia. La materia-espacio-tiempo es un aspecto de la misma. Esto nos lleva a reconocerla como todopoderosa.
Lo cual no significa que nosotros seamos todopoderosos, por la sencilla razón de que no tenemos un control total de la conciencia. En cualquier caso, aquí radica la transformación más asombrosa de la visión del mundo, a partir de los descubrimientos de la nueva física: La conciencia juega un indudable papel en el llamado universo físico.
Habitualmente, en nuestra visión de la realidad, hemos venido funcionando con un mito, al que hemos dado por absolutamente válido: Al acercarnos al exterior, todos percibimos lo mismo.
Es fácil, sin embargo, reconocer el presupuesto en el que dicho mito se ha mantenido (y todavía se mantiene para la gran mayoría de la gente). Ese presupuesto no es otro que la creencia en que hay un universo físico “ahí fuera”. Y nos hemos enseñado a nosotros mismos a estar de acuerdo sobre ello y sobre los “objetos” de ese mundo “exterior”. Sin embargo, la física moderna viene a asegurarnos que no existe algo “ahí fuera” de nosotros. Todo se halla inextricablemente interrelacionado con todo, por lo que el universo no es algo que exista “ahí fuera”, y del que el observador se encontraría separado. Más bien al contrario, es un universo participativo. Por un lado, sabemos que el observador altera lo observado por el mero acto de su observación. Por lo que algunos científicos, como se ha dicho más arriba, abogan por reemplazar el término “observador” por el de “participante” (J. Wheeler). Porque lo cierto es que no “observamos” el mundo; participamos en él. Y, por otro, sabemos también que eso que llamamos “ahí fuera” no es como nuestros sentidos y nuestra mente creen que es. “Ahí fuera” no hay ni luz ni color, sino solamente ondas electromagnéticas; “ahí fuera” no hay sonido ni música, sino solamente variaciones periódicas en la presión del aire; “ahí fuera” no hay calor ni frío, sino solamente moléculas que se mueven con mayor o menor energía cinética media…, y así sucesivamente. Lo que hay, tanto “fuera” como “dentro”, es un torbellino vertiginoso de ondas/partículas en diferentes intensidades de vibración. En lo que se refiere a “nosotros”, podría decirse que somos, a la vez, una expresión más de ese mismo torbellino y la Conciencia que lo está provocando o de la que está emergiendo. Lo que ocurre, en todo caso, es que la mente humana no percibe lo que está “ahí”, sino lo que cree que debería estar ahí. Sin embargo, tal como insiste la nueva física, hay una conclusión que parece irrebatible: no observamos el mundo físico, participamos con él. Nuestros sentidos no están separados de lo que llamamos “ahí fuera”, sino íntimamente implicados en un proceso de realimentación notablemente complejo, cuyo resultado final es crear efectivamente lo que está “ahí fuera”. La conciencia es una parte integrante de la realidad; eso significa que co-crea lo que observa. Si vemos un árbol, en vez de un cúmulo de átomos desorganizados, es porque la conciencia humana concede a la realidad física estas características particulares. Por eso, mirado de cerca, el concepto de “ahí fuera” resulta ridículo. Sólo podemos esperar encontrar un “ahí fuera”, porque creemos que existe. Por eso, todas nuestras nociones acerca del carácter absoluto del universo físico son erróneas.
¿A qué se debe entonces ese engaño que nos lleva a afirmar la existencia de algo “ahí fuera”? Al modo de operar de la mente, por su propia naturaleza separativa. Para poder funcionar, la mente debe forzosamente separar. A partir de la primera dicotomía sujeto/objeto, para la mente, toda la realidad queda fraccionada. Todo lo que no es “yo”, está “fuera”. Y puesto que pensar es delimitar o “establecer fronteras”, a la mente le resulta fácil marcar un límite entre lo que llama “sujeto” y todo lo demás: es sencillamente el límite o frontera de la piel. Por eso, en cuanto la mente hace su aparición en la historia humana, con ella aparece también la idea de un “mundo exterior”, de una realidad “ahí fuera”, separada y marginal. Sin embargo, eso es sólo un engaño de la mente, que se realimenta por el simple hecho de que lo hemos creído a pie juntillas. Lo que llamamos “mundo exterior” no está separado de nosotros y, de hecho, basta detener el pensamiento para percibirlo así. Todo constituye un conjunto unificado, sin separaciones mentales, arbitrarias y artificiales, en un universo participativo en el que todo interactúa en una interferencia constructiva, en la que la Conciencia se va desplegando en innumerables formas, como olas “únicas” y hermosas en el océano común y compartido."
Nada de lo que vemos es tal y como lo vemos. El universo, las estrellas, tu casa, tu paquete de tabaco, tu perro, tu hámster, tu catarro, tu sonrisa, su sonrisa, TODO depende enteramente de ti, lector. De ti y de tu percepción. De ti y de tu pensamiento. De ti y del control que ejerzas sobre tu conciencia.
Tú puedes cambiar el mundo.
¡Ah Delia, me gusta tu escrito mucho! Quiero esa referencia astuta "disfrutar reflexivamente de la puesta del sol" con su propia mente como si el "fuera de mundo" sea no pertinente a usted placer. Está aquí tomo algún asunto con la perspectiva del autor de la nota. Mientras es verdad que nada puede escapar la red de nuestra percepción creada en nuestra mente, nuestro conocimiento no interactúa la manera el reclamo con el mundo del exterior. El principio de la Incertidumbre de Heisenberg de estados de física cuántica que es los rayos ligeros que observamos eso ha interactuado, no nuestro campo eléctrico neuronal descarga. Adicionalmente, ciertas interpretaciones no lo ven como un límite de observación sino un estado fundamental de asunto mismo. El dicho que una partícula sólo puede tener cierto ímpetu o la posición, pero no ambos, pueden pararse lógicamente la prueba de averiguación si consideramos la naturaleza de onda de electrones. Por ejemplo uno podría descubrir la energía de una onda de seno, pero su posición no existe porque es distribuido uniformemente. El contrario sería verdad con un punta cuadrático.
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