Y de repente, parece que todo tu mundo, todo para lo que vives o lo que significa algo para ti, se derrumba... como un casa de cartas a la que se acerca una ráfaga de viento.
No te das cuenta de lo que has hecho hasta que es tarde, ya no hay marcha atrás, las cartas están por el suelo y se te ha olvidado cómo volver a colocarlas: una verdadera putada. Lloras, suplicas, pides perdón e incluso ruegas, cosas que no recordabas la última vez que habías hecho; pero nada, no hay forma de volver al pasado e intentar que las cosas sucedan de otro modo, ni siquiera te dan la posibilidad de disolver mínimamente esa bola que, casi sin darte cuenta, se ha ido formando a tu alrededor, y que ahora va llevarse tu vida por delante.
No llores, no sigas actuando de forma tan infantil, no es nada típico de ti... ¿Qué le voy a hacer? De repente esta chica de 15 años se siente más asustada que una niña de 6 entrando por primera vez al colegio. Es que... verá... creo que he olvidado el estuche... y los cuadernos... y los libros... Si es que ya no queda nada, nada de nada, solo un puto montón de cartas desordenadas, entre las que no se esconde ningún as.
Aclaración: Escrito el día que se separaron mis padres. Ya han pasado muchos inviernos desde entonces...
No hay comentarios:
Publicar un comentario