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Snow my problem

martes, 21 de diciembre de 2010

THERE IS ALWAYS HOPE

Hace un par de años tuve una mala experiencia, y pasé por un mal momento de mi vida, y adelgacé diez kilos en un mes. A partir de ese momento, siempre que iba de compras me decía al probarme pantalones: "Cómpratelo un talla más grande, pequeña, ya volverás a engordar".

Veinticuatro meses más tarde abro mi armario y sólo veo pantalones que me quedan anchos.



Las personas de hoy en día pasamos demasiado tiempo pensando en nuestro futuro. Desde que nacemos, se nos inculcan una serie de valores precocinados en el fogón de los convencionalismos: Irás a la guardería, al colegio, al instituto y, si todo va como "debería" ir, también a la universidad. Comenzarás cobrando poco pero -si te esfuerzas y sigues trabajando bovinamente- terminarás en un buen puesto con ingresos nada reprobables que te permitirán comprar ese chalet de ladrillos marrones y tejado gris.

La sociedad está estructura de tal forma que los que no quieren estudiar o simplemente son unos vagos conforman el papel de malo de película. La selección natural ya no se fija el que mejor caza o el que se reproduce más, no... Actualmente el Darwinismo se rige por el grado de estudio de cada cual. ¿Eres abogado? ¡Bienvenido seas! ¿No acabaste la ESO? Pues... "deberías" volverlo a intentar.
Hemos llegado al punto en el que las personas ya no estudian por interés o curiosidad, ¡qué va!, lo importante es ese papel satinado que confirmará que, efectivamente, estudiaste Ingeniería Industrial. (Da igual si la teoría de los espacios euclídeos se te olvidó al día siguiente del examen, no importa si aquel test sobre sistemas complejos de partículas lo aprobaste de casualidad.) Los jóvenes ya no piensan en aprender, piensan en aprobar.

Piensan sólo en lo venidero, y se olvidan que los grandes saberes del mundo no se esconden en libros ni tutoriales, sino en la vida real: en esa gran asignatura llamada "experiencia" que a muchos neurólogos, físicos de la NASA, notarios y demás eruditos les queda más grande que a mí los pantalones que vengo de mencionar.
Pensar tanto en el porvenir nos hace menos humanos, nos hace fanatizar el estudio, nos hace olvidar la realidad. 
Nos hace creer que somos lo que nuestro currículum dice que somos.



 
Y vuelvo a abrir mi armario y vuelvo a ver mis pantalones anchos desfilar. En los bolsillos traseros encuentro palabras sueltas de rencor y de desprecio, en los bolsillos delanteros de esperanza y libertad. Por las cremalleras aparecen resquicios de curiosidad hacia lo venidero, hacia lo que me está pasando, a lo que me puede pasar. Quizás pensamos demasiado en nuestro futuro.
Quizás deberíamos dejarnos llevar más.





Aclaración: hoy he decidido comenzar a comprarme sólo pantalones de mi talla.

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